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LA VISTA GORDA

  • 5 may 2018
  • 3 min de lectura

Esto es como cuando compramos el Smart Tv para el living. De 7500 pulgadas, con 975678 pixeles. Clear Motion, full HD. Con porta vasos y agarramos, plumero autolimpiante y enchufes inteligentes. En fin, todas estas prestaciones que no entendemos mucho para que sirven. La cuestión es que “el televisor grande”, con lo que costó, debe ser bueno.

El único que está convencido con la compra es quien sabe que le va a sacar el provecho necesario. No hace falta que el vendedor del salón le mienta las impresionantes características de tan maravilloso aparato. Él ya sabe por qué lo quiere comprar. Quizás lo use para para su imponente consola de juegos, o para ver las películas en excelente calidad. O tal vez un poco para cada cosa.

Finalmente quien inició la idea decide la compra. Aun sin el consentimiento de su familia. La pareja le dijo que hay otras cosas que hacer en la casa, o pagar tal o cual cuenta antes. Los hijos, que en vez de la TV querían la moto para salir con los amigos. Pero no, él ya está convencido, sabe que eso es lo que necesita en este momento.

Entonces, con la costosa maravilla ya en casa comienzan las tempranas opiniones. Las primeras que se escuchan son las de quienes teóricamente tienen más derecho, por no estar de acuerdo desde el principio: “La definición no es lo que esperaba”; “al final el viejito de 14 de la pieza anda mejor”, etc, etc, etc.

Aún no saben bien para qué sirve el HDMI, el screen mirroring o el “modo fútbol”. Es más ni siquiera entienden mucho de tecnología, aun así son capaces de discutirle el teorema al mismísimo Thales . Dicho sea de paso, no se le ocurra preguntarme cuál es porque no tengo la más pálida idea.

Esto es exactamente con lo que deberá convivir Lucas Pratto. ¿Usted me está comparando con un televisor grande, pesado y cuadrado? No no “Oso”, quédese tranquilo. Solo estoy usando la analogía del precio. Con el tiempo usted deberá demostrar, sobre todo a los detractores, que usted vale su precio (o no).

Evidentemente quien lo compró ya sabía lo que le podía dar. Es más, desde su punto de vista ya se lo está dando. Cuando en una conferencia le preguntaron a Gallardo sobre el “bajo nivel” del delantero cortó la cuestión de raíz. “Ese es tu punto de vista” contestó haciendo clara alusión a que el 9, para lo que el necesita, está trabajando bien.

Lucas Pratto no es habilidoso, no tiene movimientos elegantes, no la pisa ni hace una rabona. El tipo es un sacrificado del juego, siempre lo fue. Si esperaban otra cosa del jugador es porque evidentemente no habían googleado el manual de instrucciones. El precio se lo ganó por buenas actuaciones desde que explotó en Unión de Santa Fe hace ya 8 años.

Ni siquiera es un goleador nato. Aunque es capaz de hacerlos, y muchos. Es un obrero, que quizás no se note mucho en el final de la obra, pero que es sumamente necesario para para levantar los cimientos. Esos que quedan olvidados en la vista cuando las terminaciones están perfectamente finalizadas.

Ahora usted deberá pensar: ¿un obrero merece ganar tanta guita? O como pasa en la vida misma: la guita debe ser solo para el arquitecto y el maestro mayor de obras. Igual aún es temprano, este obrero también puede convertirse (sin los brillos de la estética) en uno de eso que si “merece” ganar cuantiosas sumas de dinero.


 
 
 

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